ES IMPOSIBLE PENSAR SI NO ES A TRAVÉS DE UN LENGUAJE.

CUANTO MÁS RICOS SEAN NUESTROS LENGUAJES MÁS RICA SERÁ NUESTRA REALIDAD.


miércoles, 27 de julio de 2011

RETRATO, DE ANTOÑICO

RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

JOAN MANUEL SERRAT

ALBERTO CORTEZ

lunes, 25 de julio de 2011

OTRO MARAVILLOSO RECUERDO

Mi soledad no es como la tuya...
Mi soledad te incluye, y me despoja,
hace brasas los espacios en que sobro,
montañas en las sillas, en la mesa,
monedas del fanático silencio.
No habla conmigo ni me escucha:
no mantienes ni el derecho de una réplica.
Me acerco a los balcones y no existen,
las ventanas volaron a otros cuentos,
sólo quedan marcos enmarcando mil espejos.
Mi soledad, de un millón de frágiles espectadores,
todos cuanto acercan lo lejano, callan, miran.
Y nadie te pronuncia, y todos miran y eres tú.
Mi soledad lo es porque te espera.

JOSÉ ANTONIO LORENZO (CÉFIRO 18/02/1998)

domingo, 24 de julio de 2011

POR NINA SIMONE

Birds flying high you know how I feel
Sun in the sky you know how I feel
Breeze driftin' on by you know how I feel

It's a new dawn
It's a new day
It's a new life
For me
And I'm feeling good

Fish in the sea you know how I feel
River running free you know how I feel
Blossom on the tree you know how I feel

(refrain)

Dragonfly out in the sun you know what I mean, don't you knowButterflies all havin' fun you know what I mean
Sleep in peace when day is done
That's what I mean

And this old world is a new world
And a bold world
For me

Stars when you shine you know how I feel
Scent of the pine you know how I feel
Oh freedom is mine
And I know how I feel

lunes, 18 de julio de 2011

SÁBATO

Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil.

domingo, 17 de julio de 2011

ANDANDO POR EL LOMO DEL BUEY

Esta noche, aprovechando la luna, subí a la sierra del Buey.
¿Recuerdas aquel comienzo de año en sus laderas? Desde entonces inicio los años subiendo a algún montecico, aunque sea por aquí cerca.
Pues allí no había vuelto desde entonces. Ya ha llovido...
Un gran placer recordar grandes momentos.



viernes, 15 de julio de 2011

ILUSIÓN Y ONIRISMO

Nuestra capacidad de soñar es ilimitada. Sobre todo cuando estamos despiertos...
ANOCHE SOÑÉ CONTIGO

miércoles, 13 de julio de 2011

AHORA!!!

TRESUNOVACIO
NICTONAUTA
CUSTODIOYAPRENDIZ
LO PROBARÉ
Por fin, leches!!!
Es que no se puede mirar con prisas nada.
Me han encantado tus sorpresas.
Ole, ole y ole!
He de aminorar el ritmo y disfrutarte relajadamente. (Todavía no puedo comentar!)
Un beso enorme!!!
Buena canción! (boca)

lunes, 11 de julio de 2011

RESPUESTA

There was no light
Only the white night
First born when the sun
Screamed her eyes open
Daylight in the fields
Daylight mountains
Fire kisses the floor
Of the lakes and makes shadows
Now I cry for daylight
Daylight and the sun
Now I cry for daylight
Daylight everyone
Daylight in my heart
Daylight in the trees
Daylight kissing everything
She can see
Ooh your dream
Here on the water
Warm the sand
The seagulls calling
Kissed by kindness
You gave me this
Your fire becomes a kiss
DAYLIGHT AND THE SUN

jueves, 7 de julio de 2011

GABO (GGM)

..porque la soledad le había seleccionado los recuerdos, y había incinerado los entorpecedores montones de basura nostálgica que la vida había acumulado en su corazón, y había purificado, magnificado y eternizado los otros, los más amargos (...) Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza y momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.

martes, 5 de julio de 2011

lunes, 4 de julio de 2011

DECÁLOGO DEL MAESTRO

Gabriela Mistral
1. AMA. Si no puedes amar mucho, no enseñes a niños.
2. SIMPLIFICA. Saber es simplificar sin quitar esencia.
3. INSISTE. Repite como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección.
4. ENSEÑA con intención de hermosura, porque la hermosura es madre.
5. MAESTRO, se fervoroso. Para encender lámparas basta llevar fuego en el corazón.
6. VIVIFICA tu clase. Cada lección ha de ser viva como un ser.
7. ACUERDATE de que tu oficio no es mercancía sino oficio divino.
8. ACUERDATE. Para dar hay que tener mucho.
9. ANTES de dictar tu lección cotidiana mira a tu corazón y ve si está puro.
10. PIENSA en que Dios se ha puesto a crear el mundo de mañana.

domingo, 3 de julio de 2011

APOTEGMAS BENEDITTIANOS

VIÑETAS DE MI VIÑEDO
(selección)
 
     1
     Todo sigue en su sitio
     lo de arriba allá arriba
     lo de abajo aquí abajo
     ay qué monotonía
     4
     Señor si tú me creyeras
     cuando digo que no existes
     seguro que sonreirías
     flotando en tu nada triste
     6
     La muerte llegó gratuita
     a eso de la medianoche
     no son horas de visita
     8
     Lo mejor del carnaval
     es que te pones tu rostro
     y nadie lo va a notar
     12
     Siempre me miro en tus ojos
     y si en mis ojos te miras
     todo queda entre nosotros
     13
     Cada vez que te enamores
     no expliques a nadie nada
     deja que el amor te invada
     sin entrar en pormenores
     14
     Privilegios de la cama
     en ella se nace y muere
     se sufre se sueña y ama
     16
     Usted señor transeúnte
     y forastero quizá
     si no sabe a dónde va
     a mí no me lo pregunte

martes, 28 de junio de 2011

RETRUÉCANOS Y OXÍMORON

LA CANCIÓN MÁS HERMOSA DEL MUNDO

Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,

un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una strato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,

mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.

Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante,

al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes,
dando clases en una academia de cantos de cisne,
con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?

Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo. 
JOAQUÍN SABINA

ISABEL ALLENDE

"La vida es puro ruido entre dos insondables silencios"
(Paula, Isabel Allende)

RUIDO DE JOAQUÍN SABINA

sábado, 25 de junio de 2011

MARAVILLA

Vamos mengana a usar la maravilla
esa vislumbre que no tiene dueño
afila tu delirio / arma tu sueño
en tanto yo te espero en la otra orilla
si somos lo mejor de los peores
gastemos nuestro poco albedrio
recupera tu cuerpo / hacelo mío
que yo lo aceptare de mil amores
y ya que estamos todos en capilla
y dondequiera el mundo se equivoca
aprendamos la vida boca a boca
y usemos de una vez la maravilla.

BENEDETTI

Orlando Hardy Hamlet Brenno. EL GRAN BENEDETTI

Corazón coraza


Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

lunes, 20 de junio de 2011

LA BALLENA BLANCA

"Permítanos hablar, aunque mostremos todos nuestros defectos y debilidades: porque ser consciente de ello y no esconderlo es una señal de fortaleza"
Herman Melville

sábado, 18 de junio de 2011

ALFARERO DEMIURGO

"Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa".
La caverna, SARAMAGO

jueves, 16 de junio de 2011

MARÍA ZAMBRANO

La pensadora del aura

     Nacer sin pasado, sin nada previo a qué referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que sabe de  nuestro secreto, de nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...
     ...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.

Zambrano, M.: "Adsum", En Delirio y Destino, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp. 21-22

lunes, 13 de junio de 2011

RECORRIENDO CALLES Y CALLEJAS

Cuando tu pulso es el mío y viceversa,
cuando tus dos manos son la panacea,
el camino gris se allana y se florea
de esperanzas, ilusiones y certezas.

Estas infinitas sendas enderezan
su rumbo, antaño torcido, a la belleza,
que las ordena y las espolvorea
de luz, de vida sin fin, y de grandeza.

domingo, 5 de junio de 2011

OCTAVIO PAZ

CARTA DE CREENCIA
    CANTANTA
            1
Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
                                      es tiempo.
Hora, pausa precaria,
página que se obscurece,
página en la que escribo,
despacio, estas palabras.
                                                La tarde
es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
un río obscuro.
                            Terco y suave
las arrastra, no sé adónde.
La realidad se aleja.
                                    Yo escribo:
hablo conmigo
                          —hablo contigo.

Quisiera hablarte
como hablan ahora,
casi borrados por las sombras
el arbolito y el aire;
como el agua corriente,
soliloquio sonámbulo;
como el charco callado,
reflector de instantáneos simulacros;
como el fuego:
lenguas de llama, baile de chispas,
cuentos de humo.
                                  Hablarte
con palabras visibles y palpables,
con peso, sabor y olor
como las cosas.
                              Mientras lo digo
las cosas, imperceptiblemente,
se desprenden de sí mismas
y se fugan hacia otras formas,
hacia otros nombres.
                                        Me quedan
estas palabras: con ellas te hablo.

Las palabras son puentes.
También son trampas, jaulas, pozos.
Yo te hablo: tú no me oyes.
No hablo contigo:
                                  hablo con una palabra,
Esa palabra eres tú,
                                        esa palabra
te lleva de ti misma a ti misma.
La hicimos tú, yo, el destino.
La mujer que eres
es la mujer a la que hablo:
estas palabras son tu espejo,
eres tú misma y el eco de tu nombre.
Yo también,
                        al hablarte,
me vuelvo un murmullo,
aire y palabras, un soplo,
un fantasma que nace de estas letras.

Las palabras son puentes:
la sombra de las colinas de Meknès
sobre un campo de girasoles estáticos
es un golfo violeta.
Son las tres de la tarde,
tienes nueve años y te has adormecido
entre los brazos frescos de la rubia mimosa.
Enamorado de la geometría
un gavilán dibuja un círculo.
Tiembla en el horizonte
la mole cobriza de los cerros.
Entre peñascos vertiginosos
los cubos blancos de un poblado.
Una columna de humo sube del llano
y poco a poco se disipa, aire en el aire,
como el canto del muecín
que perfora el silencio, asciende y florece
en otro silencio.
                              Sol inmóvil,
inmenso espacio de alas abiertas;
sobre llanuras de reflejos
la sed levanta alminares transparentes.
Tú no estás dormida ni despierta:
tú flotas en un tiempo sin horas.
Un soplo apenas suscita
remotos países de menta y manantiales.
Déjate llevar por estas palabras
hacia ti misma.
            2
Las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
                                                nos dicen.
Amor es una palabra equívoca,
como todas.
                        No es palabra,
dijo el Fundador:
                                  es visión,
comienzo y corona
de la escala de la contemplación
—y el florentino:
                              es un accidente
—y el otro:
                      no es la virtud
pero nace de aquello que es la perfección
—y los otros:
                          una fiebre, una dolencia,
un combate, un frenesí, un estupor,
una quimera.
                          El deseo lo inventa,
lo avivan ayunos y laceraciones,
los celos lo espolean,
la costumbre lo mata.
                                        Un don,
una condena.
                          Furia, beatitud.
Es un nudo: vida y muerte.
                                                  Una llaga
que es rosa de resurrección.
Es una palabra:
                              al decirla, nos dice.

El amor comienza en el cuerpo
¿dónde termina?
                                Si es fantasma,
encarna en un cuerpo;
                                        si es cuerpo,
al tocarlo se disipa.
                                    Fatal espejo:
la imagen deseada se desvanece,
tú te ahogas en tus propios reflejos.
Festín de espectros.

Aparición:
                    el instante tiene cuerpo y ojos,
me mira.
                  Al fin la vida tiene cara y nombre.
Amar:
              hacer de un alma un cuerpo,
hacer de un cuerpo un alma,
hacer un tú de una presencia.
                                                          Amar:
abrir la puerta prohibida,
                                              pasaje
que nos lleva al otro lado del tiempo.
Instante:
                  reverso de la muerte,
nuestra frágil eternidad.

Amar es perderse en el tiempo,
ser espejo entre espejos.
                                                Es idolatría:
endiosar una criatura
y a lo que es temporal llamar eterno.
Todas las formas de carne
son hijas del tiempo,
                                      simulacros.
El tiempo es el mal,
                                      el instante
es la caída;
                      amar es despeñarse:
caer interminablemente,
                                              nuestra pareja
es nuestro abismo.
                                    El abrazo:
jeroglífico de la destrucción.
Lascivia: máscara de la muerte.

Amar: una variación,
                                        apenas un momento
en la historia de la célula primigenia
y sus divisiones incontables.
                                                      Eje
de la rotación de las generaciones.

Invención, transfiguración:
la muchacha convertida en fuente,
la cabellera en constelación,
en isla la mujer dormida.
                                              La sangre:
música en el ramaje de las venas;
                                                              el tacto:
luz en la noche de los cuerpos.

                                                        Trasgresión
de la fatalidad natural,
                                          bisagra
que enlaza destino y libertad,
                                                      pregunta
grabada en la frente del deseo:
¿accidente o predestinación?

Memoria, cicatriz:
—¿de dónde fuimos arrancados?,
memoria: sed de presencia,
                                                    querencia
de la mitad perdida.
                                      El Uno
es el prisionero de sí mismo,
                                                      es,
solamente es,
                            no tiene memoria,
no tiene cicatriz:
                                amar es dos,
siempre dos,
                        abrazo y pelea,
dos es querer ser uno mismo
y ser el otro, la otra;
                                      dos no reposa,
no está completo nunca,
                                          gira
en torno a su sombra,
                                        busca
lo que perdimos al nacer;
la cicatriz se abre:
                                  fuente de visiones;
dos: arco sobre el vacío,
puente de vértigos;
                                    dos:
Espejo de las mutaciones.
            3
Amor, isla sin horas,
isla rodeada de tiempo,
                                            claridad
sitiada de noche.
                                Caer
es regresar,
                        caer es subir.
Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento.
                                          El arte de amar
¿es arte de morir?
                                  Amar
es morir y revivir y remorir:
es la vivacidad.
                            Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres.
                        El placer hiere,
la herida florece.
En el jardín de las caricias
corté la flor de sangre
para adornar tu pelo.
La flor se volvió palabra.
La palabra arde en mi memoria.

Amor:
              reconciliación con el Gran todo
y con los otros,
                              los diminutos todos
innumerables.
                            Volver al día del comienzo.
Al día de hoy.

La tarde se ha ido a pique.
Lámparas y reflectores
perforan la noche.
                                  Yo escribo:
hablo contigo:
                            hablo conmigo.
Con palabras de agua, llama, aire y tierra
inventamos el jardín de las miradas.
Miranda y Fernand se miran,
interminablemente, en los ojos
—hasta petrificarse.
                                      Una manera de morir
como las otras.
                              En la altura
las constelaciones escriben siempre
la misma palabra;
                                  nosotros,
aquí abajo, escribimos
nuestros nombres mortales.
                                                    La pareja
es pareja porque no tiene Edén.
Somos los expulsados del Jardín,
estamos condenados a inventarlo
y cultivar sus flores delirantes,
joyas vivas que cortamos
para adornar un cuello.
                                            Estamos condenados
a dejar el Jardín:
                                delante de nosotros
está el mundo.
                                  Coda
Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol.
                              Yo hablo
porque tú meces los follajes.
VOZ DE OCTAVIO

miércoles, 1 de junio de 2011

FAULKNER


COLINAS DE MISISIPI: MI EPITAFIO

Lejanas colinas azules, en las que me he deleitado,
a las que sigue la primavera con pies de plata y el manto
de los cornejos floridos, entonando el «¡Amante!» del pájaro azul,
mientras me dirijo al divisado final del camino.
Que esta suave boca, moldeada para la lluvia,
no sea, por todo dolor, sino áureo dolor,
y que estos verdes bosques sueñen aquí con despertarse
en mi corazón cuando regrese.
¡Y regresaré! ¿Dónde está la muerte,
si en estas azules y soñolientas colinas, allí en lo alto,
tengo yo, como el árbol, mi raíz? Aunque esté muerto,
este suelo que me ciñe me ha de dar el aliento.
El árbol herido no alberga un verde nuevo para llorar
los años dorados que gastamos en comprar dolor.
Que esta sea mi condena, si olvido
que aún queda primavera para agitar y quebrar mi sueño.

domingo, 22 de mayo de 2011

SOÑAR

EL DERECHO DE SOÑAR

NUBES

Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad, una pasea, una juega, una no tiene por qué estudiar. Se dice que un país es libre cuando una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres tienen cosas muy prohibidas. Por ejemplo matar. Eso sí, se pueden matar mosquitos y cucarachas, y también vacas para hacer churrascos. Por ejemplo está prohibido robar, aunque no es grave que una se quede con algún vuelto cuando Graciela, que es mi mami, me encarga alguna compra. Por ejemplo está prohibido llegar tarde a la escuela, aunque en ese caso hay que hacer una cartilla mejor dicho la tiene que hacer Graciela, justificando por qué. Así dice la maestra; justificado.
      Libertad quiere decir muchas cosas. Por ejemplo, si una no está presa, se dice que está en libertad. Pero mi papá está preso y sin embargo está en Libertad, porque así se llama la cárcel donde está hace ya muchos años. A eso el tío Rolando lo llama qué sarcasmo. Un día le conté a mi amiga Angélica que la cárcel en que está mi papi se llama Libertad y que el tío Rolando había dicho que era un sarcasmo y a mi amiga Angélica le gustó tanto la palabra que cuando su padrino le regaló un perrito le puso de nombre Sarcasmo. Mi papá es un preso, pero no porque haya matado o robado o llegado tarde a la escuela. Graciela dice que papá está en libertad, o sea está preso, por sus ideas. Parece que mi papá era famoso por sus ideas. Yo también a veces tengo ideas, pero todavía no soy famosa. Por eso no estoy en Libertad, o sea que no estoy presa.
      Si yo estuviera presa, me gustaría que dos de mis muñecas, la Toti y la Mónica, fueran también presas políticas. Porque a mi me gusta dormirme abrazada por lo menos a la Toti. A la Mónica no tanto, porque es muy gruñona. Yo nunca le pego, sobre todo para darle ese buen ejemplo a Graciela.
      Ella me ha pegado pocas veces, pero cuando lo hace yo quisiera tener muchísima libertad. Cuando me pega o me rezonga yo le digo Ella, porque a ella no le gusta que la llame así. Es claro que tengo que estar muy alunada para llamarle Ella. Si por ejemplo viene mi abuelo y me pregunta dónde está tu madre, y yo le contesto Ella está en la cocina, ya todo l mundo sabe que estoy alunada, porque si no estoy alunada digo solamente Graciela está en la cocina. Mi abuelo siempre dice que yo salí la más alunada de la familia y eso a mí me deja muy contenta. A Graciela tampoco le gusta demasiado que yo la llame Graciela, pero yo la llamo así porque es un nombre lindo. Sólo cuando la quiero muchísimo, cuando la adoro y la beso y la estrujo y ella me dice ay chiquilina no me estrujes así, entonces sí la llamo mamá o mami, y Graciela se conmueve y se pone muy tiernita y me acaricia el pelo, y eso no sería así ni sería bueno si yo le dijera mamá o mami por cualquier pavada. O sea que la libertad es una palabra enorme. Graciela dice que ser un preso político como mi papá no es ninguna vergüenza. Que casi es un orgullo. ¿Por qué casi? Es orgullo o es vergüenza. ¿Le gustaría que yo dijera que es casi vergüenza? Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tuvo muchísimas ideas, tantas y tantísimas que lo metieron preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá seguirá teniendo ideas, tremendas ideas, pero es casi seguro que no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden meter otra vez en Libertad. ¿Ven como es enorme?
"BEATRIZ", PRIMAVERA CON UNA ESQUINA ROTA, BENEDETTI

LA VIDA SEGÚN EDUARDO GALEANO

viernes, 13 de mayo de 2011

RAYUELA Capítulo 34

En setiembre del 80, pocos meses después del
Y las cosas que lee, una novela, mal escrita,
fallecimiento de mi padre, resolví apartarme de los
para colmo una edición infecta, uno se pregunta
negocios, cediéndolos a otra casa extractora de Jerez
cómo puede interesarle algo así. Pensar que se ha
tan acreditada como la mía; realicé los créditos que
pasado horas enteras devorando esta sopa fría y de-
pude, arrendé los predios, traspasé las bodegas y sus
sabrida, tantas otras lecturas increíbles, Elle y Fran-
existencias, y me fui a vivir a Madrid. Mi tío (primo
ce Soir, los tristes magazines que le prestaba Babs.
carnal de mi padre), don Rafael Bueno de Guzmán
Y me fui a vivir a Madrid, me imagino que después
y Ataide, quiso albergarme en su casa; mas yo me
de tragarse cinco o seis páginas uno acaba por en-
resistí a ello por no perder mi independencia. Por
granar y ya no puede dejar de leer, un poco como
fin supe hallar un término de conciliación, combi-
no se puede dejar de dormir o de mear, servidum-
nando mi cómoda libertad con el hospitalario deseo
bres o látigos o babas. Por fin supe hallar un tér-
de mi pariente; y alquilando un cuarto próximo a
mino de conciliación, una lengua hecha de frases
su vivienda, me puse en la situación más propia para
preacuñadas para transmitir ideas archipodridas, las
estar solo cuando quisiese o gozar del calor de
monedas de mano en mano, de generación degenera-
familia cuando lo hubiese menester. Vivía el buen la
ción, te voilà en pleine écholalie. Gozar del calor de
señor, quiero decir, vivíamos en el barrio que se ha
la familia, ésa es buena, joder si es buena. Ah Ma-
construido donde antes estuvo el Pósito. El cuarto
ga, cómo podías tragar esta sopa fría, y qué diablos
de mi tío era un principal de dieciocho mil reales,
es el Pósito, che. Cuántas horas leyendo estas cosas,
hermoso y alegre, si bien no muy holgado para tan-
probablemente convencida de que eran la vida, y te-
ta familia. Yo tomé el bajo, poco menos grande que
nías razón, son la vida, por eso habría que acabar
el principal, pero sobradamente espacioso para mí
con ellas. (El principal, qué es eso.) Y algunas tardes
solo, y lo decoré con lujo y puse en él todas las
cuando me había dado por recorrer vitrina por vitri-
comodidades a que estaba acostumbrado. Mi fortu-
na toda la sección egipcia del Louvre, y volvía deseo-
na, gracias a Dios, me lo permitía con exceso.

so de mate y de pan con dulce, te encontraba pega-
Mis primeras impresiones fueron de grata sor-
da a la ventana, con un novelón espantoso en la
presa en lo referente al aspecto de Madrid, donde
mano y a veces hasta llorando, sí, no lo niegues, llo-
yo no había estado desde los tiempos de González
rabas porque acababan de cortarle la cabeza a al-
Brabo. Causábanme asombro la hermosura y ampli-
guien, y me abrazabas con toda tu fuerza y querías
tud de las nuevas barriadas, los expeditivos medios
saber adónde había estado, pero yo no te lo decía
de comunicación, la evidente mejora en el cariz de
porque eras una carga en el Louvre, no se podía an-
los edificios, de las calles y aun de las personas; los
dar con vos al lado, tu ignorancia era de las que
bonitísimos jardines, plantados en las antes polvoro-
estropeaban todo goce, pobrecita, y en realidad la
sas plazuelas, las gallardas construcciones de los ri-
culpa de que leyeras novelones la tenía yo por egoís-
cos, las variadas y aparatosas tiendas, no inferiores
ta (polvorosas plazuelas, está bien, pienso en las pla-
por lo que desde la calle se ve, a las de París o Lon-
zas de los pueblos de la provincia, o las calles de
dres y, por fin, los muchos y elegantes teatros para
La Rioja, en el cuarenta y dos, las montañas violetas
todas las clases, gustos y fortunas. Esto y otras co-
al oscurecer, esa felicidad de estar solo en una pun-
sas que observé después en sociedad, hiciéronme
ta del mundo, y elegantes teatros. ¿De qué está ha-
comprender los bruscos adelantos que nuestra capi-
blando el tipo? Por ahí acaba de mencionar a París
tal había realizado desde el 68, adelantos más pare-
y a Londres, habla de gustos y de fortunas, ya ves,
cidos a saltos caprichosos que al andar progresivo
Maga, ya ves, ahora estos ojos se arrastran irónicos
y firme de los que saben adónde van; mas no eran
por donde vos andabas emocionada, convencida de
por eso menos reales. En una palabra, me daba en
que te estabas cultivando una barbaridad porque
la nariz cierto tufillo de cultura europea, de bienes-
leías a un novelista español con foto en la contra-
tar y aun de riqueza y trabajo.

tapa, pero justamente el tipo habla de tufillo de
Mi tío es un agente de negocios muy conocido en
cultura europea, vos estabas convencida de que esas
Madrid. En otros tiempos desempeñó cargos de im-
lecturas te permitirían comprender el micro y el
portancia en la Administración: fue primero cónsul;
macrocosmo, casi siempre bastaba que yo llegara
después agregado de embajada; más tarde el matri-
para que sacases del cajón de tu mesa —porque te-
monio le obligó a fijarse en la corte; sirvió algún
nías una mesa de trabajo, eso no podía faltar nunca
tiempo en Hacienda, protegido y alentado por Bra-
aunque jamás me enteré de qué clase de trabajos
vo Murillo, y al fin las necesidades de su familia lo
podías hacer en esa mesa—, sí, del cajón sacabas la
estimularon a trocar la mezquina seguridad de un
plaqueta con poemas de Tristan L’Hermite, por ejem-
sueldo por las aventuras y esperanzas del trabajo
plo, o una disertación de Boris Schloezer, y me
libre. Tenía moderada ambición, rectitud, actividad
las mostrabas con el aire indeciso y a la, vez ufano
inteligencia, muchas relaciones; dedicóse a agenciar
de quien ha comprado grandes cosas y se va a po-
asuntos diversos, y al poco tiempo de andar en es-
ner a leerlas en seguida. No había manera de hacer-
tos trotes se felicitaba de ello y de haber dado car-
te comprender que así no llegarías nunca a nada,
petazo a los expedientes. De ellos vivía, no obstante,
que había cosas que eran demasiado tarde y otras
que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan
despertando los que dormían en los archivos, im-
al borde de la desesperación en el centro mismo de
pulsando a los que se estacionaban en las mesas,
la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu
enderezando como podía el camino de algunos que
corazón desconcertado. Impulsando a los que se esta-
iban algo descarriados. Favorecíanle sus amistades
cionaban en las mesas, no, conmigo no podías con-
con gente de este y el otro partido, y la vara alta
tar para eso, tu mesa era tu mesa y yo no te ponía
que tenía en todas las dependencias del Estado. No
ni te quitaba de ahí, te miraba simplemente leer tus
había puerta cerrada para él. Podría creerse que los
novelas y examinar las tapas y las ilustraciones de
porteros de los ministerios le debían el destino, pues
tus plaquetas, y vos esperabas que yo me sentara a
le saludaban con cierto afecto filial y le franquea-
tu lado y te explicara, te alentara, hiciera lo que
ban las entra das considerándole como de casa. Oí
toda mujer espera que un hombre haga con ella, le
contar que en ciertas épocas había ganado mucho
arrolle despacito un piolín en la cintura y zás la
dinero poniendo su mano activa en afamados expe-
mande zumbando y dando vueltas, le dé el impulso
dientes de minas y ferrocarriles; pero que en otras
que la arranque a su tendencia a tejer pulóvers o a
su tímida honradez, le había sido desfavorable. Cuan-
hablar, hablar, interminablemente hablar de las mu-
do me establecí en Madrid, su posición debía de ser,
chas materias de la nada. Mirá si soy monstruoso,
por las apariencias, holgada sin sobrantes. No care-
qué tengo yo para jactarme, ni a vos te tengo ya
cía de nada, pero no tenía ahorros, lo que en verdad
porque estaba bien decidido que tenía que perderte
era poco lisonjero para un hombre que, después de
(ni siquiera perderte, antes hubiera tenido que ga-
trabajar tanto, se acercaba al término de la vida y
narte), lo que en verdad era poco lisonjero para un
y apenas tenía tiempo ya de ganar el terreno perdido.

hombre que... Lisonjero, desde quién sabe cuándo
Era entonces un señor menos viejo de lo que
no oía esa palabra, cómo se nos empobrece el len-
parecía, vestido siempre como los jóvenes elegantes,
guaje a los criollos, de chico yo tenía presentes mu-
pulcro y distinguidísimo. Se afeitaba toda la cara,
chas más palabras que ahora, leía esas mismas no-
siendo esto como un alarde de fidelidad a la genera-
velas, me adueñaba de un inmenso vocabulario per-
ción anterior, de la que procedía. Su finura y jovia-
fectamente inútil por lo demás, pulcro y distinguidí-
lidad, sostenidas en el fiel de la balanza, jamás caían
simo, eso sí. Me pregunto si verdaderamente te me-
del lado de la familiaridad impertinente ni del de la
tías en la trama de esta novela, o si te servía de
petulancia. En la conversación estaba su principal
trampolín para irte por ahí, a tus países misterio-
mérito y también su defecto, pues sabiendo lo que
sos que yo te envidiaba vanamente mientras vos me
valía hablando, dejábase vencer del prurito de dar
envidiabas mis visitas al Louvre, que debías sospe-
por menores y de diluir fatigosamente sus relatos.
char aunque no dijeras nada. Y así nos íbamos acer-
Alguna vez los tomaba desde el principio y adorná-
cando a esto que tenía que ocurrirnos un día cuan-
balos con tan pueriles minuciosidades, que era preci-
do vos comprendieras plenamente que yo no te iba
so suplicarle por Dios que fuera breve. Cuando re-
a dar más que una parte de mi tiempo y de mi vida,
fería un incidente de caza (ejercicio por el cual te-
y de diluir fatigosamente sus relatos, exactamente
nía gran pasión), pasaba tanto tiempo desde el exor-
esto, me pongo pesado hasta cuando hago memoria.
dio hasta el momento de salir el tiro, que al oyente
Pero qué hermosa estabas en la ventana, con el gris
se le iba el santo al cielo distrayéndose del asunto,
del cielo posado en una mejilla, las manos teniendo
y en sonando el pum, llevábase un mediano susto. No
el libro, la boca siempre un poco ávida, los ojos du-
sé si apuntar como defecto físico su irritación cró-
dosos. Había tanto tiempo perdido en vos, eras de
nica del aparato lacrimal, que a veces, principalmente
tal manera el molde de lo que hubieras podido ser
en invierno, le ponía los ojos tan húmedos y encen-
bajo otras estrellas, que tomarte en los brazos y
didos como si estuviera llorando a moco y baba. No
hacerte el amor se volvían una tarea demasiado tier-
he conocido hombre que tuviera mayor ni más rico
na, de masiado lindante con la obra pía, y ahí me
surtido de pañuelos de hilo. Por esto y su costum-
engañaba yo, me dejaba caer en el imbécil orgullo
bre de ostentar a cada instante el blanco lienzo en
del intelectual que se cree equipado para entender
la mano derecha o en ambas manos, un amigo mío,
(¿llorando a moco y baba?, pero es sencillamente
andaluz, zumbón y buena persona, de quien hablaré asqueroso como expresión). Equipado para entender, después, llamaba esto sólo a mi tío la Verónica.

si dan ganas de reírse, Maga. Oí, esto sólo para vos,
Mostrábame afecto sincero, y en los primeros días
para que no se lo cuentes a nadie. Maga, el molde
de mi residencia en Madrid no se apartaba de mí
hueco era yo, vos temblabas, pura y libre como una
para asesorarme en todo lo relativo a mi instalación
llama, como un río de mercurio, como el primer can-
y ayudarme en mil cosas. Cuando hablábamos de la
to de un pájaro cuando rompe el alba, y es dulce
familia y sacaba yo a relucir re cuerdos de mi infan-
decírtelo con las palabras que te fascinaban porque
cia o anécdotas de mi padre, entrábale al buen tío
no creías que existieran fuera de los poemas, y que
como una desazón nerviosa, un entusiasmo febril por
tuviéramos derecho a emplearlas. Dónde estarás,
las grandes personalidades que ilustraron el apellido
dónde estaremos desde hoy, dos puntos en un uni-
de Bueno de Guzmán y sacando el pañuelo me re-
verso inexplicable, cerca o lejos, dos puntos que
fería historias que no tenían término. Conceptuá-
crean una línea, dos puntos que se alejan y se acer-
bame como el último re presentante masculino de una
can arbitrariamente (personalidades que ilustraron
raza fecunda en caracteres, y me acariciaba y mi-
el apellido de Bueno de Guzmán, pero mirá las cur-
maba como a un chiquillo, a pesar de mis treinta y
silerías de este tipo, Maga, de cómo podías pasar de la
seis años. ¡Pobre tío! En esas demostraciones afec-
página cinco...), pero no te explicaré eso que llaman
tuosas que aumentaban considerablemente el manan-
movimientos brownoideos, por supuesto no te los
tial de sus ojos, descubría yo una pena secreta y agu-
explicaré y sin embargo los dos, Maga, estamos com-
dísima, espina clavada en el corazón de aquel exce-
poniendo una figura, vos un punto en alguna parte,
lente hombre. No sé cómo pude hacer este descu-
yo otro en alguna parte, desplazándonos, vos ahora
brimiento: pero tenía certidumbre de la disimulada
a lo mejor en la rue de la Huchette, yo ahora descu-
herida como si la hubiera visto con mis ojos y toca-
briendo en tu pieza vacía esta novela, mañana vos en
do con mis dedos. Era un desconsuelo profundo,
la Gare de Lyon (si te vas a Lucca, amor mío) y yo
abrumador, el sentimiento de no verme casado con
en la rue du Chemin Vert, donde me tengo descu-
una de sus tres hijas; contrariedad irremediable, por-
bierto un vinito extraordinario, y poquito a poco,
que sus tres hijas,¡ay, dolor! estaban ya casadas.

Maga, vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza, de aquí para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, eso es lo que se llama movimiento brownoideo, ¿ahora entendés?, un ángulo recto, una línea que sube, de aquí para allá, del fondo al frente, hacia arriba, hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, y todo eso va tejiendo un dibujo, una figura, algo inexistente como vos y como yo, como los dos puntos perdidos en París que van de aquí para allá, de allá para aquí, haciendo su dibujo, danzando para nadie, ni siquiera para ellos mismos, una interminable figura sin sentido.

lunes, 9 de mayo de 2011

TE DOY UNA CANCIÓN

Como gasto papeles recordándote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo

y como pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mi, detenida

Te doy una canción
si abro una puerta
y de las sombras sales tú,
te doy una canción de madrugada
cuando más quiero tu luz,
te doy una canción
cuando apareces
el misterio del amor
y si no lo apareces
no me importa
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera me detengo
la ciudad se derrumba
y yo cantando
la gente que me odia y que me quiere
no me va ha perdonar
que me distraiga,
creen que lo digo todo
que me juego la vida
porque no te conocen
ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar,
te doy una canción
con mis dos manos
con las mismas de matar,
te doy una canción
y digo patria
y sigo hablando para ti,
te doy una canción
como un disparo
como un libro
una palabra
una guerrilla...
como doy el amor.
SILVIO RODRIGUEZ

lunes, 2 de mayo de 2011

ALESSANDRO BOFFA. CUENTOS. VISKOVITZ, OTRA VEZ

¿PERO ES QUE NUNCA PIENSAS EN EL SEXO, VISKOVITZ?  
¿El sexo? Ni siquiera sabía que tenía uno. Podéis imaginaros cuando me dijeron que tenía dos.
—Los caracoles, Visko —me explicaron mis viejos—, somos hermafroditas insuficientes...
—¡Qué asco! —chillé—. ¿También en nuestra familia?
—No te quepa duda, hijo. Tenemos capacidad tanto para desarrollar las funciones masculinas como las femeninas. No hay nada de lo que avergon- zarse.
Me indicó con la rádula el lugar donde se encontraban ambos aparatos geni- tales.
—¿Y por qué son insuficientes?
—Porque podemos aparearnos sólo con otros caracoles, siempre y cuando exista una inclinación recíproca, pero nunca con nosotros mismos.
—¿Y quién lo dice?
—Nuestras creencias, Visko. Esa otra cosa tan fea es pecado mortal, aunque sea sólo de pensamiento —me previno papamamá.
—Y también son actos impuros encerrarse demasiado en la concha, hablar consigo mismo y autocomplacerse —añadió mamapapá.
Un estremecimiento de terror me rizó el manto.
—Sería hora de que empezases a mirar a tu alrededor en busca de un buen partido; la estación reproductiva dura sólo unas pocas semanas.
Alargué perplejo los tentáculos en todas direcciones.
—¡Pero si los caracoles más cercanos están a meses de camino!
—Te equivocas, hijo, hay jóvenes excelentes en este mismo vecindario.
Pero por allí cerca no veía más que a Zucotic, Petrovic y López, mis antiguos compañeros de colegio.
—Estáis de broma. No pretenderéis que yo...
—Proceden de buenas familias, con un discreto patrimonio genético y buenas perspectivas de ciclo evolutivo. La belleza no lo es todo, Visko.
—Pero ¿los habéis visto bien?
Dirigí el tentáculo rinóforo hacia Zucotic, un gasterópodo descarnado, con la concha prácticamente clipeiforme, el ojo invaginado, el ctenidio atrófico. Resultaba repugnante incluso para los depredadores. ¿Realmente querían tener nietos así ?
—Ya verás como, con el tiempo, cambiarás de idea. Los caracoles tenemos un dicho: “Ama a quien esté cerca de ti, porque quien está lejos continuará estándolo”.
—Antes muerto.
Saludé y me retiré al interior de la concha. Tapé cuidadosamente el opérculo y lo sellé con sales calcáreas, porque nunca se sabe lo que puede pasar.
—No está bien encerrarse así en la concha, Viskolín, la gente pensará mal.
Al cuerno la gente.
 
Durante los días que siguieron, por una u otra razón, no fui capaz de pensar en otra cosa que en el sexo, quiero decir, en los sexos.
Al principio eran picores indefinibles, pequeñas turbaciones hormonales que me impulsaban a detener la mirada sobre ciertas arrugas del manto de algunos caracoles, a intentar adivinar las formas bajo la concha, a admirar las sinuosas ondulaciones de su pie ventral al contraerse. Nada que me llegara a preocupar, entendámonos, o que me quitara el sueño. Algunos de los caracoles del huerto, morfológicamente hablando, no estaban mal, pero caracoles que de verdad encajaran conmigo, que tuvieran la clase y los requisitos zoométricos necesarios para hacer una buena pareja con un Viskovitz, realmente no se veía ninguno. Llegué pues a la conclusión de que no existían y de que probablemente no habían nacido todavía.
Me equivocaba.
Su majestad, la belleza gasterópoda, apareció de repente, entre las lechugas. Estaba más bien lejos, pero divisaba su deslumbrante perfil voluptuosamente abandonada al sol, la generosidad de sus formas a duras penas contenidas en la sucinta concha.
Parbleu!
Hechizado, perdí el sueño y el apetito. De repente, para mis antenas oculares sólo existía ellaél. Empecé a secretar moco sin razón. Pero ¿qué podía hacer? ¡Mi estrella distaba de mí por lo menos dos años-caracol! Aun en el caso de que hubiera partido en aquel mismo momento y me hubiera echado a correr como un loco, incluso renunciando al letargo invernal, igualmente habría llegado allí viejo y decrépito.
A menos que... Sí, estaba pensando precisamente aquello. Aquella locura. ¿Y si también ellaél se echara a correr a mi encuentro? En tal caso, el punto de encuentro habría estado entre las flores de calabaza, y nos habríamos unido como dos caracoles de mediana edad. Cuanto más pensaba en ello, más me seducía la romántica grandeza de aquel gesto. La zozobra de la anticipación. El sacrificio de la juventud por una promesa de amor. ¿Y acaso el amor no era siempre una gran apuesta? Mirarme me miraba, estaba claro que había notado mi presencia. Estaba muy, muy claro. Había que ser un bivalvo para no comprender las señas de complicidad que me enviaba con las antenas. Quién sabe por qué imaginaba que su nombre era Ljuba.
—¡Viskooo! —gritaba mamapapá—. No está bien hablar consigo mismo, la gente pensará mal.
—Que piensen lo que quieran.
—Lo que tendrías que hacer es arreglarte, porque viene a verte el señorito López.
López avanzaba fuera de sí, babeando mucosidades y dejándose resbalar, el rostro extraviado por la lujuria, los osfradios dilatados, el mesénquima laxo, la rádula fláccida, anhelante, estaba ya a sólo dos días de distancia de mí. Pero pocas horas más lejos, cargaban también en dirección hacia mí Petrovic y Zucotic, enzarzados en una carrera a muerte por tenerme, por gozar de mi joven cuerpo. Sentí que se me helaba la hemolinfa y se me ponía rígida la cavidad paleal. Extroflexioné el esófago en un espasmo de repugnancia.
Giré los ojos hacia la lechuga y en un instante —uno de esos instantes en los que se decide una vida— la suerte estuvo echada.
—¡Allá voy! —grité.
Y también ellaél se movió.
Tras seis meses de mantener aquella carrera, estaba destrozado.
Los lances pasionales no están hechos para los moluscos, especialmente para nosotros, los caracoles. Tenía las escamas irritadas y el mesénquima hecho pedazos. Acabada la estación reproductiva, los niveles hormonales habían caído, y con ellos los ardores románticos. La juventud se había desvanecido y el moco se resecaba. Veía envejecer mi cuerpo más rápidamente de lo que cambiaba el paisaje. Si la vida es una carrera contra el tiempo, bueno, hay algo de lo que no cabe duda, y es que con los caracoles es él, el tiempo, quien parte favorito.
Al empezar aquel viaje me había hecho ilusiones de que, por mal que fuera, en cualquier caso habría conocido mundo, territorios inexplorados y culturas extranjeras, distantes decímetros y decímetros. Pero comprendía que el mundo entero era verdura. Me había hecho ilusión de poder cortar definitivamente con el pasado, pero cada vez que giraba las antenas, familiares y conocidos estaban siempre allí, con sus miradas cargadas de reproche, la expresión defraudada y enfurecida. Los caracoles de la infancia permanecen siempre en nuestro campo visual, y también los de nuestra vejez. Para nosotros no existen los encuentros fortuitos, y tampoco existe la intimidad. Comprenderéis ahora por qué uno necesita una concha, a pesar del trabajo que supone llevarla todo el día a cuestas,
Pero yo continuaba corriendo a su encuentro, suspirando y soñando, con los ojos abiertos, durante la noche, bajo la luz de la luna, con el perfume del perejil y la caricia del viento en las escamas. Y también ellaél venía a mi encuentro. Aquello era lo único que contaba.
Llegó el invierno, y, tras otros tres meses, la primavera y los brotes de las primeras flores de calabaza.
Y luego el momento tan esperado.
Estaba asustado, se me había venido encima el mundo entero. ¡Yo había creído realmente que venía a mi encuentro, que respondía a mis llamadas! Elella era una imagen reflejada. Daba vueltas en torno a aquel grifo y me veía llorar en silencio las últimas gotas de moco. Pobre Viskovitz. Sentí una infinita ternura por mí mismo. Después me apoyé en aquella superficie cromada y me eché a reír a carcajadas. ¿Qué otra cosa podía hacer? Me burlaba, o mejor, nos burlábamos. Pero de pronto mi imagen se puso seria y empezó a observarme atentamente. ¡Qué bello era! Tan suavemente femenino y virilmente gallardo. No podía quitarme los ojillos de encima: era todavía un animal soberbio, probablemente el más atractivo que hubiese existido nunca, extraordinariamente sexy para ser un molusco. Rádula sensual y escamas de fábula, físico sólido y elástico, concha mimética pero elegante, atributos reproductores... parbleu ! En un instante se me aclaró el sentido de toda aquella historia. Doblé tímidamente las antenas oculares, la una hacia la otra, y por primera vez vi mi pupila derecha, miró fijamente a la izquierda.
Sentí el cortocircuito eléctrico, el estremecimiento del alma, y sólo fui capaz de balbucear una frase trivial:
—Te amo, Viskovitz.
—Yo también te quiero, bobo.
Con la rádula acaricié delicadamente el exóstoma, con la parte distal del pie ventral rocé la proximal. Sentí la cálida presión del rinóforo, que se insinuaba bajo la concha, y una fuerte conmoción me inmovilizó en el centro mismo de mi ser.
—Oh, cielos ¿qué estoy haciendo? —balbuceé.
Pero ya me abandonaba a mi propio abrazo, me aferraba a mi propia carne. Ebrio de deseo, me apretaba contra mí, palpitaba al contacto glutinoso del derma, me emborrachaba con el humor viscoso del moco, golosamente entregado a la posesión de aquellos miembros adorables. Me abracé a mí mismo estrecha y desesperadamente.
Cuando hube terminado, me di cuenta de que, en el ardor de la pasión, había salido de la concha y estaba con la tripa al aire, desnudo, con los sexos al viento. Y de que las miradas de todos se dirigían a mí. Sólo en el radio de un decímetro había tres familias de caracoles, y podéis imaginaros sus reacciones.
—¡Qué asco, lo que hay que ver! —se quejó un vecino.
—Serás condenado por toda la eternidad, Viskovitz —se desgañitó otro.
Les gritaban a sus hijos que se giraran, pero ellos se guardaban muy mucho de girar las antenas.
—Te daremos una lección —amenazaban.
¡Como si alguien hubiera sido apalizado alguna vez por un caracol! Ya había sufrido bastantes afrentas, así que, en lugar de retirarme al interior de mi concha, me erguí delante de ellos:
—¡¡¡Hermafroditas insuficientes lo seréis vosotros!!! —les chillé a aquellos hipócritas.
Los días que siguieron fueron los más felices de mi vida. El viento primaveral me había traído el regalo de dos grandes pétalos amarillos; en ellos me tendía lánguidamente y me perfumaba, feliz de ser un molusco y de estar enamorado. Había sustituido la concha, demasiado inapropiada para la compleja geometría del ctoerotismo hermafrodita, por aquel nuevo hábitat. Pero mi historia no había dejado de causar escándalo:
—No es más que un típico ejemplo de descomposición de la sociedad gasterópoda —decía alguien— . El Yo ha sustituido a la conciencia social, triunfa la personalidad narcisista. El individuo se repliega sobre lo personal y lo privado...
Confieso que sobre lo privado me replegaba gustosamente. Era una de las pocas ventajas de no tener columna vertebral.
Y había también quien intentaba psicoanalizarme.
la compleja geometría del ctoerotismo hermafrodita, por aquel nuevo hábitat. Pero mi historia no había dejado de causar escándalo:
—En el narcisismo secundario el amor frustrado vuelve a sí mismo y da vida al delirio de grandeza, a la sobrevaloración del propio ser. El Yo se siente Dios...
No, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de ser Dios. Si acaso era El quien ponía en circulación ciertos rumores.
“...Frente al acoso de la vejez se quebranta el sueño de la extensión feliz de la omnipotencia infantil y se desmorona el sistema de autodefensa narcisista...”
Debo admitir que detestaba envejecer. La vejez me ponía celoso. Más de una vez me había sorprendido a mí mismo abandonado a las fantasías sobre un caracol más joven y había acabado con el corazón hecho pedazos. Naturalmente, aquel caracol era siempre yo, la imagen de mí mismo muy rejuvenecido y tumbado sobre la lechuga, pero eso no hacía que el dolor fuera menor. Y entonces me encerraba en la concha y lloraba. No renunciaba a mi amor. Mis ojos dejaban de mirarse el uno al otro.
Pero la vida continuaba, y viene a cuento decirlo porque estaba encinta. Me aterrorizaba la posibilidad de que las historias que se cuentan sobre la autofecundación fuesen ciertas y que naciesen monstruos. Individuos con la concha torreada o con el pie bífido, que habrían intentado hacerme sentir culpable por el resto de mis días.
Me equivocaba.
Apenas vi la pequeña concha recién nacida de mi hijo Viskovitz, la reconocí. Su majestad la belleza gasterópoda. Era la copia perfecta de su progenitor, más similar a una divinidad que a un molusco. Tan pequeñito, parecía un caracol visto de lejos, aquel caracol visto de lejos. ¡Qué bello era! Con la rádula le acaricié delicadamente el exóstoma, con la parte distal del pie le rocé la proximal...
—Te amo, Viskovitz —balbuceé.
—Yo también, Viskovitz —respondió.
Como en los cuentos, el amor triunfaba. Pero esta vez no tendría fin. Nunca tendría fin.

—¡Qué asco! ¡Lo que hay que ver! —se quejó un vecino.

sábado, 30 de abril de 2011

DE BENEDETTI, COMO NO.

Asunción de ti 
1
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a arrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tu detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mi.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
tengo un poco de ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.
   
2
Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.
 
3
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote,
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu sueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He coservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta donde está intacto sin tí,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.

miércoles, 27 de abril de 2011

ANA MARÍA MATUTE

LOS CHICOS
Eran cinco o seis, pero así, en grupo, viniendo carretera adelante, se nos antojaban quince o veinte. Llegaban casi siempre a las horas achicharradas de la siesta, cuando el sol caía de plano contra el polvo y la grava desportillada de la carretera vieja, por donde ya no circulaban camiones ni carros, ni vehículo alguno. Llegaban entre una nube de polvo que levantaban sus pies, como las pezuñas de los caballos. Los veíamos llegar y el corazón nos latía de prisa. Alguien, en voz baja, decía: «¡Que vienen los chicos...!» Por lo general, nos escondíamos para tirarles piedras, o huíamos.

Porque nosotros temíamos a los chicos como al diablo. En realidad, eran una de las mil formas de diablo, a nuestro entender. Los chicos, harapientos, malvados, con los ojos oscuros y brillantes como cabezas de alfiler negro. Los chicos, descalzos y callosos, que tiraban piedras de largo alcance, con gran puntería, de golpe más seco y duro que las nuestras. Los que hablaban un idioma entrecortado, desconocido, de palabras como pequeños latigazos, de risas como salpicaduras de barro. En casa nos tenían prohibido terminantemente entablar relación alguna con esos chicos. En realidad, nos tenían prohibido salir del prado bajo ningún pretexto. (Aunque nada había tan tentador, a nuestros ojos, como saltar el muro de piedras y bajar al río, que, al otro lado, huía verde y oro, entre los juncos y los chopos.) Más allá, pasaba la carretera vieja, por donde llegaban casi siempre aquellos chicos distintos, prohibidos...

sábado, 23 de abril de 2011

RUBÉN EL INDIO: SÍMBOLO DE MESTIZAJE

El libro es fuerza, es valor
es poder, es alimento;
antorcha del pensamiento
y manantial del amor.
Rubén Darío

Imagina un Pequeño Vals Vienés

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Federico García Lorca

LEONARD COHEN
ANA BELÉN
ENRIQUE MORENTE

viernes, 15 de abril de 2011

MONEY Y DIÓGENES EL CÍNICO

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO
Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

 
Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

 
Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

 
¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.


Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

 
Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

QUEVEDO

PINK FLOYD

LAS COSAS IMPORTANTES DE LA VIDA NO SON COSAS

lunes, 11 de abril de 2011

ÁNGEL GONZÁLEZ

LA VIDA EN JUEGO
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.


INMORTALIDAD DE LA NADA
Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
—porque te vieron—,
jamás
se comerá la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.

martes, 29 de marzo de 2011

LA LENGUA ESTÁ VIVA

La lengua no deja de cambiar, se va adaptando, como cualquier cosa que quiere perpetuarse...

Veamos qué decía Rodrigo Zamorano y cómo, traduciendo a Euclides en 1576:
"Dize fe fer diuidida vna linea recta con razon extrema y media quando fuere que como fe ha toda a la mayor parte, alli la mayor a la menor"
Que viene a decir: "Se dice que una recta está dividida en media y extrema razón cuando la longitud de la línea total es a la de la parte mayor, como la de esta parte mayor es a la menor"
Es decir: "El todo es a la parte como la parte al resto"

jueves, 17 de marzo de 2011

TETRAGRAMATON

Todo es cíclico, todo fue, es y llega a ser.
El sol regresará mañana a iluminarnos, la primavera renacerá, los átomos se volverán a enlazar de nuevo...
Lo que no puede ser nombrado tampoco puede existir, en cambio sí puede nombrarse lo que no existe.

martes, 8 de marzo de 2011

JUANA Y FRIDA

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?
Cambatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.