Este curso ha sido el más difícil de mi camino docente.
Pero hay alumnos que merecen todo mi agradecimiento.
Mis compañeros yeclanos, -no todos, afortunadamente-, defienden al pie de la letra las impresiones de Azorín sobre ellos, 100 años después...
Tengo la esperanza de no volver, aunque echaré mucho de menos a esas personicas que han sido hogar y a esos alumnos maravillosos que miran y ven.
Sin vosotros hubiera sido imposible trabajar con ilusión. La ilusión nunca debe morir.
Mil y mil gracias por mantener la mía viva.




